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MANUEL HINDS - 14 julio 2013

El informe de Transparencia Internacional
         
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La semana pasada Transparencia Internacional publicó sus índices anuales de percepción de la corrupción en dos muestras, una de 96 países y una de 106. Sus resultados muestran los excesos a los que se puede llegar para construir índices por construirlos, dando una impresión falsa de exactitud que no tiene nada que ver con la realidad. Pero también proveen algunos datos que son importantes para nuestro país.

La institución publicó dos tipos de resultados construido con base en entrevistas con muestras de 1,000 personas o más: respuestas a la pregunta si en cada país incluido en la muestra la corrupción ha subido, se ha mantenido o bajado, y tres series de índices: tasas de soborno (porcentaje de los entrevistados que han dado sobornos en una de ocho actividades definidas), las percepciones de corrupción por tipo de instituciones (partidos políticos, legislatura, los militares, ONGs, los medios, religiosos, sector privado, educación, sistema judicial, salud, policía y funcionarios públicos), y la disposición de la gente a verse envuelta en actividades orientadas a reducir la corrupción.

Los índices parecerían permitir hacer dos tipos de comparaciones: la comparación internacional de uno de los índices (ordenando los países de menos a más corruptos en sus partidos políticos por ejemplo), y por país, comparando la percepción del grado de corrupción en cada uno de los tipos de instituciones reportadas (viendo, por ejemplo, si los funcionarios públicos son percibidos como más corruptos que los diputados). Transparencia Internacional no sacó un indicador resumen por país, pero es posible estimarlo promediando los valores de los indicadores por tipo de instituciones.

Si el indicador fuera consistente a través de todos los países, la gráfica 1 daría las posiciones de El Salvador, siendo 1 el menos corrupto y 106 el más corrupto de la muestra de países. De acuerdo a esto, solo 4 países tendrían partidos más corruptos que El Salvador, sólo 6 funcionarios más corruptos, sólo 17 diputados más corruptos, y así.

Grafico1

FUENTE DE DATOS BASICOS: Transparencia Internacional.

Todo esto parece muy interesante hasta que uno inspecciona quienes son los países menos corruptos del mundo y se encuentra que el menos corrupto de todos es Ruanda, el tercero es Burundi, el quinto Georgia, el sexto Bangladesh, el séptimo Camboya, y así. Curiosamente, uno encuentra que Iraq y Afganistán, dos países destrozados por la guerra y casi sin gobierno, Etiopía, Azerbaiyán y Sri Lanka son sustancialmente más probos que Canadá, Australia, el Reino Unido, Francia, Alemania y Bélgica, entre otros. Los únicos países desarrollados en los primeros diez son Dinamarca, Finlandia y Suiza, que es mucho menos proba, de acuerdo a Transparencia Internacional, que Ruanda y Burundi.

Uno podría pensar que sorprenderse de que Suiza sea percibida casi el doble de corrupta que Ruanda es manifestación de prejuicio. Pero hay un indicador más objetivo publicado por la misma Transparencia Internacional: el porcentaje de la población que ha pagado soborno en el último año. Si ordenamos a los países de menos a más corruptos de acuerdo a este indicador, Ruanda pasa del número uno al 32. De entre los supuestamente más probos en el indicador principal, Camboya cae 78 puestos, Libia 68, Bangladesh 65, Etiopía 62, Afganistán 61, Iraq 47, Sri Lanka 31. Por otro lado, El Salvador, que de acuerdo a la clasificación del indicador de percepción de la corrupción sería el número 87, ganaría 62 puestos para convertirse en el 25 si usamos el indicador de soborno.

El punto es, ¿como puede el indicador decir que Ruanda es bastante más proba que Australia (puesto número 1 en el mundo contra puesto 27 de Australia) si tiene 13 veces más incidencia de soborno?

El problema es que obviamente los indicadores no son consistentes. Esto puede deberse a varias razones. Una es que el nivel de tolerancia por la corrupción de Ruanda y Burundi sea mucho más alto que el de Australia, de tal forma que lo que los australianos consideran corrupto en Ruanda y Burundi es percibido como práctica normal. Otra es que en países tan oprimidos como esos a la gente le de miedo decir que hay corrupción. En todo caso, Transparencia Internacional debía de haber notado estas incongruencias y no publicar indicadores que son, a todas luces, equivocados.

Ahora bien, si olvidamos las comparaciones internacionales, hay información interesante sobre el país en el informe de Transparencia. En la encuesta, llevada a cabo con una muestra de 1,000 personas por Sigma Dos, una empresa española con representación local para Guatemala y El Salvador, los encuestados dieron una calificación a cada uno de 12 sectores en términos de su corrupción. Asumiendo que la encuesta fue bien llevada a cabo, estos datos sí pueden ser válidos porque al menos eliminan la diferencia de culturas que vuelve inútil la comparación internacional. Dan una idea de cómo la población salvadoreña ve a los distintos sectores.

En esa calificación, uno representa la ausencia total de corrupción y 5 la corrupción total. La gráfica 2 muestra lo que los entrevistados dijeron. Según ellos, la percepción de la corrupción de la policía, los partidos políticos, los funcionarios públicos y servidores civiles, los jueces y los diputados es altísima. Todos ellos, si hubieran calificado con base diez, hubieran sacado más de 8 en percepción de corrupción, y los partidos políticos y la policía habrían sacado 9. Los diputados, un 8.2 (para ver la nota en base diez solo multiplique por dos el número en la gráfica).

Grafico2

FUENTE DE DATOS BASICOS: Transparencia Internacional.

La línea negra marca el promedio de todos los sectores, que es 3.6 (o sea 7.2 en base 10).

Lo que es más interesante de esta gráfica es que todo el gobierno (con la excepción de los militares, y la salud y la educación que tienen un alto porcentaje de privados) está arriba del promedio, mientras que las actividades privadas están debajo de éste (y por bastante). Así es como los ve la población.

Y aún así, mucha gente todavía piensa que para mejorar algo en el país es necesario que lo controle el gobierno-es decir, el sector que, de acuerdo a los salvadoreños entrevistados por Transparencia Internacional, es el más corrupto. Esta ingenuidad que raya en la tontería es parte de nuestro tercermundismo.

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