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MANUEL HINDS - 27 mayo 2013

Observador Político Destruyendo al país
         
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El 16 de mayo recién pasado, FONAVIPO debía pagar 10.4 millones de dólares al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). FONAVIPO no pagó, marcando la primera vez que el Estado salvadoreño no paga a tiempo una obligación directa o indirecta—es decir, contratada por el gobierno mismo o por alguna de sus instituciones asociadas. Esto constituye un acto de grave irresponsabilidad fiscal, que deja una mancha en nuestra historia crediticia que no sólo es vergonzosa, sino que tiene pésimas consecuencias para nuestro desempeño económico futuro. Como es costumbre en este gobierno, sin embargo, el hecho ha sido reportado por los funcionarios a cargo de las instituciones relevantes (FONAVIPO mismo y el Ministerio de Hacienda) con desidia, como si fuera algo que no importa, que no tiene por qué dar vergüenza, que no tiene consecuencias.

Este acto debe investigarse en dos dimensiones. Primero, ¿cómo fue que se permitió que se mancillara el buen nombre del país en los mercados crediticios? Al no pagar FONAVIPO, lo que se espera de un gobierno serio es que, con autorización de la Asamblea, pague Hacienda y luego le cobre a FONAVIPO. ¿Por qué no se hizo esto?

Segundo, ¿cómo fue que FONAVIPO no generó los fondos para pagar, si es que el préstamo era para construir unidades de vivienda que los usuarios iban a pagar, proveyendo el dinero necesario para los pagos al BCIE? El candidato presidencial de ARENA, Norman Quijano, ha señalado que el problema demuestra una mala administración. FONAVIPO, y el candidato presidencial del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, se han defendido diciendo que el problema fue que pagaron precios muy altos por los terrenos y que, como consecuencia, las casas son demasiado caras.

Pero ¿pagar precios demasiado altos por los terrenos no es en sí una manifestación de mala administración? Pero además, es necesario aclarar por qué FONAVIPO cometió este acto de mala administración. FONAVIPO debe transparentar a quién le compró esos terrenos y luego explicar por qué pagó a ese vendedor precios tan caros cuando muchas empresas privadas compran tierras a precios mucho más bajos y venden sus casas a precios mucho más bajos y con utilidades. Los terrenos caros no eran los únicos en el mercado, los privados pagan menores precios, ¿por qué les compraron a esos vendedores, a esos precios?

Con este, y con muchos otros fracasos similares, el gobierno del FMLN está demostrando lo vacías que son sus promesas. Por muchos años ese partido encarnó la crítica continua al sistema capitalista, acusándolo de ineficiente, corrupto e irresponsable, y prometiendo que con la intervención estatal los gobiernos de ese partido manejarían mucho mejor la economía del país en general y los servicios públicos en particular. Con esas promesas el FMLN mantuvo viva la ilusión de que los así llamados intelectuales que proferían las críticas llevarían eficiencia, probidad y responsabilidad al manejo de la cosa pública. El gobierno del FMLN ha destrozado estas expectativas en bien corto tiempo, dejando muy en claro que lo que lo impulsaba a hacer esas críticas no era ni el deseo de mejorar la manera en la que se manejan las cosas ni la capacidad de hacerlo. Era sólo la manifestación de una ilimitada ansia de poder.

El resultado ha sido desastroso. No es sólo que las mejoras que se prometieron nunca llegaron a darse. El país se ha deteriorado en todas sus dimensiones como una natural consecuencia del descuido, la negligencia, las malas decisiones y la pésima administración que pone en peligro el funcionamiento de los servicios públicos más esenciales. FONAVIPO es sólo una muestra de la profunda hipocresía del FMLN, que parecía criticar ineficiencias y desperdicios cuando en realidad lo que quería era participar de ellos. Que este era el verdadero propósito queda claro al notar que, al mismo tiempo que todos los servicios públicos se deterioran y la pobreza aumenta, el lujo que los funcionarios públicos se dispensan a sí mismos ha alcanzado niveles nunca vistos en el país (baste ver el número de Toyotas Prado del gobierno que circulan en nuestras calles cada vez más llenas de hoyos y el costo de los viajes y recepciones oficiales y las marcas carísimas de comida y bebida que allí se consumen). El que digan que todo esto lo hacen en nombre de los pobres y el progreso del país no los absuelve; los condena por usar a los pobres para apropiarse del poder y sus mieles. Como dijo Jesucristo: "Por sus frutos los conoceréis". No por sus huecas palabras.

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