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MANUEL HINDS - 31 marzo 2013

Observador Político La escasez de medicinas
         
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Las medicinas de marca están desapareciendo de las farmacias, y no es por una escasez temporal sino permanente. Esto era de esperarse, ya que la todos los sistemas de control de precios generan escasez, y la ley de medicamentos que la Asamblea Legislativa aprobó por unanimidad el año pasado estableció un control de precios sobre todas las medicinas. A los precios establecidos por el reglamento de la ley no es económico vender medicinas de calidad mundial. Las empresas que las producen se están yendo del país. Esta salida esta poniendo en riesgo la salud y la vida de muchas personas. Seguramente muchas personas morirán como consecuencia.

Habrá gente que piense que esto no es problema porque siempre podrán comprarse medicamentos genéricos, que son más baratos. Pero las personas que tienen enfermedades graves o potencialmente graves saben perfectamente que las medicinas de marca no son exactamente iguales a los genéricos ni aun entre sí. En muchos casos los médicos tienen que probar en un paciente varias diferentes marcas antes de encontrar la que realmente lo mejora. Esto ya no podrá hacerse en el país, y si el genérico no mejora al paciente el médico solo podrá encogerse de hombros y desearle suerte al enfermo. En muchos casos, como en el de las medicinas que regulan la presión o el ritmo del corazón, o que evitan las convulsiones, el no tener la medicina correcta es el camino a una muerte segura.

Es increíble pensar que los diputados pasaron la ley conscientes de que terminaría causando muertes o mucho sufrimiento a los enfermos. Es todavía más increíble pensar que, ya sabiendo que esta sucediendo, no reformen la ley para eliminar sus siniestras consecuencias. Pero lo increíble está pasando.

Es tiempo de que la población haga sentir a los diputados de la Asamblea que tienen que rectificar el gravísimo error que han cometido. Ciertamente que las medicinas han sido más caras en El Salvador que en el resto de Centro América y de Latinoamérica en general, y que a la vista de todos se había generado un sistema de mercadeo extremadamente caro y éticamente cuestionable para los medicamentos, con pagos a los médicos y a dependientes en las farmacias por recomendar ciertos medicamentos en vez de sus competidores-pagos que encarecían los medicamentos mucho más allá de sus precios internacionales. Pero el problema era uno de falta de competencia. Las empresas se sentían seguras de que podían vender al precio que querían sus medicamentos porque no había verdadera competencia en el mercado. Como lo expresé en un artículo publicado en este periódico en mayo de 2009:

"El problema radica en que el Consejo de Salud Pública, una institución del Estado salvadoreño que se creó para asegurar la calidad de las medicinas que se venden en el país pero que en la práctica se ha convertido en un instrumento que protege un oligopolio de empresas farmacéuticas que ha capturado el mercado salvadoreño. Protegidas por esta institución, las empresas que controlan el mercado salvadoreño pueden cobrar lo que se les antoja por sus medicinas ya que saben que el Consejo no permitirá que las medicinas de la competencia entren al país. El celo excesivo de esta institución en la protección de los intereses de las empresas y no del consumidor se manifiesta claramente en los obstáculos insalvables que impone para la importación libre de medicinas aprobadas por el mismo Consejo. Si usted compra medicinas en Guatemala, en donde son mucho más baratas, y las trata de introducir al país se dará cuenta de que el Consejo no se lo permite, aunque la misma medicina y de la misma marca se venda en el país. El argumento que se da es que permitir la importación de estas medicinas violaría los contratos de representación otorgados por las mismas casas productoras, que no quieren que el distribuidor de Guatemala le quite negocio a El Salvador. Pero el Consejo no fue creado para proteger estos arreglos sino para asegurar la calidad de los medicamentos-una función que no requiere proteger a ninguna empresa".

La solución a este problema era aumentar la competencia abriendo más el mercado de las medicinas. En vez de eso, la nueva Ley de Medicamentos ha reducido aún más la competencia, expulsando del mercado a través de controlarles los precios a los fabricantes que ofrecen mayores garantías de calidad y efectividad.

Pero si el problema era falta de competencia, ¿cuál es el propósito de reducirla aún más sacando del mercado a los productos de marca? Los productos genéricos ya existían desde antes, y lo que usted podrá hacer ahora, comprarlos en vez de los de marca, ya podía haberlo hecho antes. ¿Y cuál va a ser entonces el efecto de sacar a los de marca? Que los genéricos no tendrán competencia y podrán subir sus precios porque todos los que compraban de marca (formando un mercado considerable para estas medicinas) ahora no tendrán otra opción que comprar los genéricos. Reducirle las opciones a los consumidores sólo beneficia a los que se quedan en el mercado, que pueden bajar su calidad, aumentar sus precios o ambas cosas a la vez.

Lo que la nueva ley ha hecho es hacer que el país salte de un oligopolio a otro oligopolio, disminuyendo la variedad y la calidad de los medicamentos disponibles en el país y poniendo en riesgo la salud de su población. La Asamblea debe suspender inmediatamente la aplicación de esta ley y diseñar otra que realmente reduzca los precios de los medicamentos sin reducir su calidad y variedad a través de aumentar, no disminuir, la competencia y la variedad de productos en el mercado.

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