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MANUEL HINDS - 16 enero 2013

El punto de inflexión
         
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El cambio en la imagen neta del candidato presidencial de ARENA (la diferencia entre las opiniones favorables y las desfavorables a nivel nacional, visible en la gráfica adjunta) ha sido tan profundo que llama a hacer serias reflexiones sobre la política en el país. De acuerdo a la casa encuestadora Mitofsky, ha caído 16 puntos; de acuerdo a JABES EDH, 26; y de acuerdo a LPG Datos, 29. En el promedio de las tres encuestadoras, ha caído 24 puntos, de 48 a mediados de 2012 a 24 a fines del mismo año. En esta última fecha, todavía está muy por encima de Salvador Sánchez Cerén, lo cual no es muy difícil porque éste tiene una imagen neta de -13 (es decir, los que tienen imagen negativa de él superan a los que la tienen positiva en una magnitud igual al 13 por ciento de los votantes), pero inferior al 29 por ciento de Tony Saca, que se va a tirar en febrero. La ventaja sobre Sánchez Cerén no es tan clara como podría pensarse al ver estos datos porque las preferencias electorales por el FMLN (35 por ciento) son mayores que las preferencias por ARENA (30 por ciento). Quijano no es el primero en ninguno de estos indicadores.

Graficas_Hinds

¿Cómo es posible que Norman Quijano haya comenzado su campaña con una ventaja decisiva sobre cualquier posible antagonista y ahora, sólo seis meses después, se encuentre en desventaja? La verdad es que la caída era predecible y fue predicha por varios observadores. Los que ahora se sorprenden al ver la caída de Quijano deberían recordar algunas de las lecciones más básicas del arte de las encuestas, la primera de las cuales es que uno no debe medir la imagen de un político en medio del ambiente eufórico producido por un triunfo electoral como el que tuvo Quijano en su elección como alcalde. Se le midió la imagen después de una fuerte campaña que lo colocó frente a toda la población cuando ninguno de sus potenciales adversarios había tenido una campaña electoral reciente de la misma magnitud.

El error estadístico cometido por los que pusieron a Quijano es similar a medirle el azúcar a un paciente después de que se ha comido un galón de sorbete. El azúcar saldrá altísimo, el paciente será diagnosticado con diabetes y se le dará el tratamiento indicado para esta enfermedad. No deberá sorprender a nadie que el paciente muestre una brutal caída en el azúcar al medírsela correctamente-con un ayuno de varias horas antes del examen-y que se reconozca inmediatamente que el diagnóstico y el tratamiento estaban equivocados. La imagen era una burbuja y, como burbuja reventó.

Un segundo punto a reflexionar es que, como varios también lo dijimos, es un error craso para un partido político nombrar a un candidato con tanta anticipación. En realidad, el único argumento para apresurar tanto el nombramiento era el miedo de que la popularidad de Quijano probara ser una burbuja, como probó ser, y había gente que quería que ya estuviera nombrado cuando reventara. La urgencia con la que se empujó la candidatura fue tal que uno podría haber esperado que el candidato estaba listo para aumentar su ventaja antes de que todos los candidatos estuvieran en la cancha. En cambio, estos meses han mostrado una parálisis en el candidato que es parte de la explicación de por qué su popularidad ha caído tanto.

El tercer punto es que, aunque la inmensa mayoría de la población no es extremista, ARENA ya no puede ganar las elecciones presidenciales con cualquier candidato y la promesa de detener al comunismo. El electorado exige candidatos que propongan estrategias viables y fáciles de entender para resolver los graves problemas del país, que den un liderato alrededor de ideas modernas y que demuestren que van a mejorar la manera en la que se hacen las cosas en el país. Hasta ahora ni el candidato ni el partido ha ofrecido ideas concretas. Es importante notar que lo que la población quiere no es que le digan "le hemos pedido a un señor que nos haga un plan" porque las estrategias deben surgir del líder, que las debe encarnar y exponer de forma sencilla.

El cuarto punto es que este problema no se corrige con un vicepresidente. En el mejor de los casos, un candidato a vicepresidente puede ayudar a aumentar un par de puntos porcentuales. La gente sabe que los vicepresidentes no tiene ningún cargo asociado con su elección, y que las promesas de que van a ser nombrados en ministerios o en algún puesto similar son vacías. No hay necesidad de ser vicepresidente para ser ministro.

El quinto punto se refiere al futuro. ARENA puede insistir en el camino que lleva, rehusando enfrentar la realidad hasta que se sepan los resultados de las elecciones-resultados que ahora parece que no serían nada agradables para el partido. Eso fue lo que hizo en el año anterior a las elecciones de 2009. Alternativamente, puede reexaminar su estrategia en todas sus dimensiones. Es mejor corregir que lamentar.

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