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MANUEL HINDS - 20 diciembre 2012

Las verdaderas profecías mayas
         
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Hay mucha gente que piensa que hoy se va a terminar el mundo debido a que se termina el ciclo largo del calendario maya. Por supuesto, como en cualquier día, el mundo puede o no terminar, con una probabilidad alta de que no termine. Esta predicción tiene tres problemas serios. Primero, no coincide con las de los mayas mismos, que en unas escrituras descubiertas este año en una casa en las ruinas de Xultun en Guatemala se refirieren a fechas miles de años después del día de hoy, cosa que no hubieran hecho si hubieran creído que el mundo ya no existiría para entonces. Segundo, desde antes, los estudiosos de los mayas ya habían aclarado que, así como el fin del calendario de cualquier año no implica que el mundo se va a terminar el 31 de diciembre de ese año, el final del piktun (el ciclo de 2,880,000 días que los mayas llamaba el ciclo largo) no indica que no vaya a comenzar otro piktun al día siguiente. Tercero, sin quitarle ningún mérito a los mayas, nadie ha demostrado que hayan sido buenos en predecir nada que no fueran los movimientos de los astros, que nosotros también podemos predecir. Si los movimientos de los astros que los mayas predijeron significaran que el mundo se va a acabar ya los científicos modernos ya se hubieran dado cuenta.

Pero esto no quiere decir que los mayas no hayan legado una predicción muy valiosa—la de su propio ejemplo. Su historia de esplendor y caída es un predictor de lo que sucede cuando una sociedad cae en la corrupción, la codicia y la vanidad de sus gobernantes. La grandeza de los mayas puede vislumbrarse notando que el suelo del Petén, que hoy produce sólo lo necesario para mantener 367,000 personas, se estima que llegó a mantener más de 10 millones de personas durante su apogeo maya. Su dominio de las matemáticas está demostrado en la construcción del calendario mismo, que era tan preciso como el nuestro, y con su análisis de los movimientos de los astros, que requiere de matemáticas muy sofisticadas. Algo muy importante es que dominaron el concepto del cero, que es esencial en las matemáticas modernas, y que lo hicieron 900 años antes que los europeos.

El gobierno era un actor muy importante en esta hazaña, construyendo buenos caminos, estudiando astronomía y climatología para diseñar mejores técnicas agrícolas (el calendario fue un resultado de estos estudios) y manteniendo la educación agrícola del país, que permitía la alta producción de los mayas.

Con el tiempo, sin embargo, los mayas permitieron que la codicia y la vanidad de sus gobernantes fueran sustituyendo a los servicios públicos como la motivación del gasto público. Los grandes señores tomaban varias esposas y muchas amantes y esperaban que el gobierno (es decir, el pueblo mismo) les proporcionara a todas ellas y a sus hijos y nietos con medios para asegurarles una vida de lujos y boato. Los grandes palacios sustituyeron a los caminos en la prioridad de la construcción, los gastos de las amantes de los reyes reemplazaron las inversiones en conocimiento.

Las necesidades de recursos se fueron volviendo tan enormes que el gobierno no sólo aumentaba continuamente los impuestos sino que además rebajó el volumen y la calidad de los servicios públicos. Ambos resultados mataron la inversión y la producción de ciudad tras ciudad.

Habiendo exprimido sus propios pueblos con impuestos para mantener sus procesiones y sus jades y sus exóticas vestiduras y palacios, los gobiernos trataron de buscar más recursos robándolos de los pueblos vecinos, lo que resultó en grandes guerras que desangraron a todos. De esta forma Calakmul, una ciudad al norte del Petén, destruyó en 679 a Tikal, sólo que para 700 Tikal, reconstruida, destruyera a Calakmul. Ninguna de las dos ciudades se recuperó a su previo esplendor. Doblegadas por impuestos y con la carga de los muertos, decayeron irremisiblemente en los años siguientes. La ciudad que ahora llamamos Dos Pilas aprovechó la caída de estas dos ciudades para establecer su hegemonía. Pero esta no duró, acabada por los mismos vicios de la codicia y la vanidad de los gobernantes, sus amantes y parientes. En las guerras que siguieron, las ciudades ya no se reconstruían después de ser arrasadas. La última en desaparecer fue Cancuén, en donde el penúltimo soberano había construido un palacio de 25,000 metros cuadrados y cuyo hijo trató de expandir antes de colapsar en el caos total de altos impuestos y baja producción.

De esta forma, la corrupción enquistada en los gobiernos de los mayas a través de sus gobernantes, sus amantes y parientes, generó una sed de impuestos y de guerras que terminaron por destruir la civilización entera. Es en esta predicción que los mayas produjeron a través de vivirla ellos mismo que debemos reflexionar en este día. Es una predicción que han vivido civilización tras civilización, siempre cumpliéndola. Es triste que nosotros, sin haber alcanzado la grandeza, estemos entrando a la decadencia causada por la codicia y vanidad de los gobernantes, sus amantes y parientes, y estemos viviendo ya esas procesiones de lujos y boato que mataron a los mayas, y a los griegos, y a los romanos, y a tanto otro pueblo civilizado.

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