En el plano de la letra de la Constitución se puede argumentar que no hay prohibición expresa para hacerlo, aunque en el caso de los Magistrados es claro e inequívoco el espíritu del Acuerdo de Paz y de la reforma constitucional correspondiente, en el sentido de renovar cada tres años, por tercios, la Corte Suprema de Justicia en el formato concomitante de períodos legislativos renovados cada tres años, ya que de esa manera se respeta más la voluntad popular y se sirve mejor a la democracia.
Para evitar, entonces, esta recurrente tentación o, dicho de otra manera, para cerrar el portillo por donde los animales se van para el monte, lo mejor sería hacer la reforma que diga expresamente que cada legislatura renovará solo un tercio de la CSJ. Tres líneas. Un solo inciso adicional al artículo correspondiente. Una reforma de este tipo puede pasar perfectamente en la legislatura actual y ratificarse en mayo.
Estos son los aspectos jurídicos, pero el problema en realidad es político. En varios niveles. En relación con la Corte hay dos situaciones inaceptables. Dos berrinches y dos venganzas, de la cúpula del Frente por la sentencia de inconstitucionalidad de las listas bloqueadas, y del PDC y de la vieja cúpula del PCN por la desaparición de esos partidos. Entonces de lo que se trata, básicamente, es de darle en la nuca a la Sala de lo Constitucional que más prestigio ha tendido ante los ciudadanos en la historia reciente del país. Y de lo que se trata también, en el caso de la cúpula del FMLN, es de especular con la posibilidad de retorcer la reforma electoral y, sobre todo, de evitar a toda costa otras posibles sentencias.
En el caso de la elección, desde cualquier punto de vista prematura, apresurada e irresponsable del Fiscal General, el espíritu ya no es solo un patético conservadurismo político, como en el caso de la Corte; ya no es solo que el FMLN, inexplicablemente, en relación con el manejo de las instituciones fundamentales del Estado, está cayendo en prácticas propias de las derechas más miopes, más recalcitrantes y más odiosas de todos los tiempos.
En el caso del Fiscal el problema es más grave, porque podría estarse consumando la protección, la tapadera y la impunidad del enriquecimiento ilícito de allegados y de cortesanos del anterior y del actual régimen, podría estarse consumando la vía libre a los negocios y actividades de un poder emergente, de naturaleza binomial y de características mafiosas, con capos cuyos nombres no cuesta demasiado trabajo imaginar. Y es más grave también porque podría utilizarse la Fiscalía como arma política arrojadiza, como recurso de intimidación, perjuicio y represión de opositores políticos, de medios de prensa o de ciudadanos que denuncien las arbitrariedades del poder, y eso sería el principio del fin de la democracia.
Entonces, volviendo al punto inicial, me preguntan si el FMLN de verdad está metido en semejante chanchullo, si de verdad va a traspasar esa frontera, y solo puedo decir que espero que no lo haga, sobre todo en el caso de la elección del Fiscal, y que si lo hace, si consuma esa alianza perversa de la que se ha estado hablando, sería, sin duda, el acto más decepcionante del FMLN desde su inauguración como partido político. En otros temas hemos estado en desacuerdo con posiciones del Frente y hemos expresado nuestras críticas, siempre de manera respetuosa, pero en este caso ya no estaríamos situados en la esfera de las diferencias políticas, sino en la esfera de la moral y de la más básica decencia.
Y a propósito de la moral, ojalá que algunos dirigentes dogmáticos no esgriman en los debates internos del partido la patraña y la filosofía barata del "humanismo proletario versus el humanismo burgués"; la falacia de la moral "revolucionaria" o "socialista" en la que se desdeña la verdad, la rectitud, la coherencia, la integridad y la decencia como valores "burgueses" y se postula la validez de cualquier medio para contrarrestar o erradicar el poder de "la burguesía". No hace falta decir que esa ideología se ha convertido siempre en justificación política de la mentira, del engaño y de las peores y más cínicas formas de pragmatismo y de traición a los ideales democráticos.
El FMLN debe tener mucho cuidado de no seguirse deslizando en los suaves rieles del cinismo. Tiene que entender que su palabra comienza a no valer nada. Tiene que entender que a la vista de un gobierno tan decepcionante, la única posibilidad de recuperación del partido es la restauración de la credibilidad de su palabra y de sus principios, sobre todo de su decencia, que se vería irreversiblemente fulminada –no digo solo afectada- en una alianza perversa para elegir a un fiscal perverso. En este punto podríamos hacer una retrospectiva imaginaria y preguntarnos qué pensarían los mejores revolucionarios caídos en combate si vieran estas patrañas, consumadas algunas, en ciernes otras. Pero sin recurrir a argumentos que serían políticos pero tendrían muchas cargas emocionales, podemos esperar que en las filas del FMLN haya una reflexión bien profunda, y que haya valentía en los cuadros para exigir a la Dirección cambios en muchas cosas, pero sobre todo en "la forma de hacer política".
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SALVADOR SAMAYOA
2013-05-30