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PAOLO LÜERS - 11 septiembre 2013

Observador Político Tiro por la banda
         
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En el billar hay una técnica que se llama "jugar por la banda". O cuando es aún más sofisticado: "jugar por doble banda". Esta técnica también se practica cuando se juntan, en un solo juego, el periodismo y la política, en el campo que tienen en común: la opinión pública.

Veamos: unos periodistas, quienes a la vez figuran como investigadores y analistas, comienzan a correr en Estados Unidos ciertas informaciones y las subsiguientes tesis. Por ejemplo: que el narcotráfico y sus carteles internacionales están teniendo "cada día más presencia en El Salvador"; que están detrás de la tregua; que han infiltrado "altas estructuras" del gobierno y sus aparatos de seguridad...

En Estados Unidos, donde existe la mala costumbre de ver a los países de Centro América principalmente como países de tránsito de la droga del Sur al Norte, caen en tierra fértil estos análisis y reportes. Sobre todo cuando sus autores, como Douglas Farah y Héctor Silva Ávalos, tienen años de cultivar buenas relaciones con ciertas oficinas de congresistas, senadores, tanques de pensamiento y agencias relacionadas a la guerra contra las drogas. El último, durante dos años, cultivó estas relaciones desde su cargo en la embajada salvadoreña en Washington.

El influyente senador Patrick Leahy, uno de los líderes demócratas siempre pendientes de El Salvador y miembro influyente del comité que aprueba o rechaza proyectos de cooperación con El Salvador (incluyendo los fondos de Fomilenio), comienza a preocuparse. Demasiado consistente han sido las advertencias de Silva, Farah y otros, no sólo en sus reportes publicados, sino también en pláticas directas con la gente de sus staffs. Al senador, quien en estos días tiene que evaluar la solicitud de Fomilenio II para El Salvador, le entran dudas. Le han dicho nada menos que David Munguía Payés, el hombre que como Ministro de Seguridad creó las condiciones para que se gestionara la tregua entre pandillas, podría tener relaciones con el crimen organizado...

El senador no ha dado ninguna declaración pública sobre el tema, pero de "fuentes cercanas a su oficina" se filtra que existen tres razones que lo tienen al punto de vetar el Fomilenio II: el senador siente que el gobierno salvadoreño no está combatiendo debidamente al crimen organizado relacionado con drogas; el senador exige la remoción de David Munguía Payés, ahora ministro de Defensa, y el peligro existente para la independencia de la Corte Suprema. Sólo sabemos de esta nueva posición del senador Leahy, porque Héctor Silva Ávalos, quien dice disponer de información confidencial de la oficina de Leahy, lo afirmó en su nota publicada en La Prensa Gráfica el 10 de septiembre.

Vean la belleza de este tiro a banda: la oficina de Leahy usa a Silva como una de sus fuentes para "informar" al senador sobre un presunto auge del crimen organizado en El Salvador, sobre el posible involucramiento de Munguía Payés y sobre la tregua como producto de la decisión de las pandillas a apostar al narcotráfico -- y luego este mismo periodista se convierte en el canal para filtrar la "información" que el poderoso senador está al punto de vetar el Fomilenio II, y que la permanencia de David Munguía Payés en Defensa es una de las objeciones que tiene...

Pongo "información" entre comillas, porque es supuesta información, si no desinformación. No existe ningún indicio, mucho menos prueba, de que en El Salvador esté creciendo el narcotráfico, ni tampoco de que en el país se hayan atrincherado y incrustado en el Estado organizaciones del crimen organizado multinacional. Esto ha sido la tesis de los anteriores responsables de seguridad, tanto de ARENA como del FMLN, para distraer la atención de su aparatoso fracaso frente al fenómeno delincuencial mucho más importante del país: el accionar de las pandillas y la violencia que genera.

Se sabe que más del 90% de la droga que transita del Sur al Norte pasa por la ruta del Caribe y sólo una mínima parte por El Salvador.

Lo que algunos medios y algunos funcionarios llaman los carteles salvadoreños (Los Perrones y el grupo de Texis) no son más que redes de contrabando y contratistas de transporte, que ciertamente merecen ser desmanteladas, pero de ninguna manera son responsables de la violencia endémica que tiene paralizado el crecimiento económico del país.

Tampoco existe ningún indicio de que en los 18 meses de haber puesto en marcha la tregua y los acuerdos locales de crear "Municipios libres de Violencia", las pandillas MS13 y Barrio 18 se hayan transformado en socios del narcotráfico internacional. Ni siquiera una tendencia en esta dirección es visible. Muchos hablan de esto, incluyendo el nuevo ministro de Seguridad -- pero nadie ha mostrado ni la sombra de una prueba.

Mucho menos existe un solo indicio de que el general David Munguía P. podría estar vinculado con actividades ilegales. Es un invento que como insinuación ha ventilado Douglas Farah en reuniones privadas y que ha sido repetido de manera irresponsable, infame e intransparente -- hasta que al fin llegara a oídos del senador Leahy. Y este señor, sin molestarse a exigir pruebas, lo toma como base para amenazar con objetar un proyecto de la importancia de Fomilenio II.

La única fuente pública que filtra los interiores de la oficina del senador Leahy (el periodista salvadoreño y ex-funcionario de la embajada en Washington, Héctor Silva Ávalos) reiteradamente ha exagerado los peligros del narcotráfico para la institucionalidad de El Salvador. Ojalá que ahora nada más sea nuevamente Silva exagerando, esta vez el peligro de un veto contra Fomilenio II. Pero, ¿con qué intención? No creo que su interés sea la suspensión de Fomilenio II. Más bien me parece el intento de desacreditar a David Munguía Payés -- y a través de él a todo el proceso de reducción de violencia iniciado con la tregua. Me provoca la pregunta: Y este proceso, ¿a los intereses de quiénes está haciendo tanto estorbo este proceso? Esa es la pregunta del millón...

Que en este juego hayan logrado enrolar al senador Leahy, un tradicional crítico al aparato de seguridad nacional y sus estrategias, es la parte irónica de esta triste historia.

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