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PAOLO LÜERS - 15 agosto 2013

Observador Político Exceso de táctica, falta de estrategia
         
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Es muy común la crítica a las cúpulas y su manera vertical, autoritaria, corrupta de conducir los partidos y por ende, el país. Pero de repente algunos salen con la sorprendente idea de que Elías Antonio Saca, el expresidente que quiere regresar al poder, podría ser el dirigente político que finalmente va a liberarnos del secuestro de la política por parte de las cúpulas partidarias.

Escucho estas ideas donde difícilmente me las hubiera imaginado —de gente de larga trayectoria de izquierda: primero de Ana Guadalupe Martínez y Joaquín Villalobos, y más recientemente de Félix Ulloa y Dagoberto Gutiérrez y su gente de la Tendencia Revolucionaria.

No es nada sorprendente el hecho que Saca pudo convencer a mucha gente de derecha que él es el redentor luchando contra una cúpula arenera vendida a la gran empresa. La tradicional indefinición ideológica y la falta de debate y análisis críticos dentro de la derecha salvadoreña forman el caldo de cultivo fértil para este tipo de leyendas.

Tampoco es sorprendente que Saca, quien más allá de sus reconocidos dotes de discurso y comunicación sabe cómo manejar el dinero y el poder para ganarse (y si fuera necesario: comprarse) la lealtad de mucha gente, haya logrado convertir la frustración, desorientación y la desesperación de mucha gente dentro de la derecha en un movimiento, y al fin, en una candidatura.

Lo que sí es sorprendente es que el discurso de Saca haya llegado a trascender la crítica a la cúpula del partido ARENA y comience a plantear la lucha contra "la oligarquía" y "la gran empresa". Se entiende la necesidad de Saca y Gana de hacer alianzas con los enemigos de su enemigo. Pero es inexplicable que en este afán de destruir ARENA hayan ido tan lejos de convertirse en instrumentos dóciles de Funes y del FMLN en sus ataques a la empresa privada, la institucionalidad del país y las libertades cuya defensa supuestamente define el concepto de derecha. Es este el error principal que puso al movimiento electoral de Saca un techo de 20 a 25 % que no podrá superar. En su afán de destruir a ARENA se alejaron demasiado del sentir de la población de derecha que querían atraer. Al fin, no lograron destruir a ARENA, pero quedaron aislados del mainstream de la ciudadanía. Exceso de táctica, falta de estrategia...

Pero lo más sorprendente es que esta mala estrategia de Saca de repente encuentre aliados en sectores de la izquierda. O más bien: en ciertos personajes provenientes de izquierda, porque dudo que logren jalar a contingentes considerables de la izquierda al proyecto de la reelección de Saca.

Algunos de los argumentos de los personajes de izquierda que endosan a Saca suenan, a primera vista, válidos: que Saca está liderando un movimiento que puede al fin superar la confrontación entre dos cúpulas partidarias, del FMLN y de ARENA. Sueno válido, porque indudablemente es cierto que las cúpulas mantienen el control de sus partidos; que imponen candidatos, alcaldes, diputados; que sirven de tapón contra el relevo generacional, la participación ciudadana y la renovación de las agendas políticas. Y es cierto: Detrás de Saca no hay ninguna cúpula.

Lo que no dicen Félix Ulloa y Dagoberto Gutiérrez es que en Unidad el lastre de la cúpula que controla todo ha sido sustituido por uno peor: el caudillismo. No es que en el caso de Unidad el régimen cupular haya sido superado por mecanismos democráticos. Todo lo contrario: Frente a la falta de democracia en el FMLN y en ARENA, donde unas cúpulas imponen al candidato, en Unidad es peor: El candidato se autoproclama y luego alinea a los partidos alrededor de su campaña. Incluso en comparación con la práctica autoritaria dentro de FMLN y ARENA, esto marca un retroceso: la institucionalidad al servicio de una persona y bajo el mando de una persona. Si es así, mejor quedemos con el control colectivo de una cúpula. Dentro de la cúpula incluso más autoritaria existe algún grado de pluralismo y equilibro de intereses y poderes —dentro del caudillismo ya no existe nada de esto. Ellos mismos lo dicen: "Saca es Unidad".

El otro argumento de los personajes de izquierda en defensa de Saca es aun más burdo: Hay que apoyarlo porque se ha confrontado a la oligarquía. Me da pena ajena que un demagogo como Saca sólo tiene que aprenderse un par de términos del tradicional discurso de izquierda, aunque sean obsoletos y trillados como "la oligarquía" y "las 14 familias" —para que personas de larga trayectoria de izquierda le pueden dar su bendición. Es difícil creer que Dagoberto, el gurú de la izquierda fundamentalista, se cree el cuento que a Saca lo expulsaron de ARENA porque sus políticas sociales atentaron contra los intereses del gran capital. Ulloa, Villalobos y Gutiérrez saben perfectamente que a Saca lo expulsaron por el exceso de control al que había sometido al partido; y en última instancia, por negociar con Funes y el FMLN la repartición de las instituciones (Fiscalía para Saca, Corte Suprema para el FMLN...). ARENA expulsó a Saca cuando se dio cuenta de que su presidente llevaba adelante esta negociación, lejos de pensar en el interés del país o del partido, para asegurar su impunidad personal —y para poner el fundamento de su alianza con el nuevo gobierno. Esto fue el punto de ruptura.

Cada uno tiene derecho de aliarse con quien le parece conveniente. Pero que no inventen leyendas para justificar sus adhesiones a candidatos. Apostaron a Saca porque pensaban que con su apoyo tendrá la fuerza para romper el bipartidismo y abrir la puerta para todos los demás que hasta ahora han fracasado a establecer una tercera fuerza. Está bien, es una apuesta errónea, pero no es pecado. Pero que no inventen a un redentor democrático Saca y una alternativa democrática que no existen. Y que no revivan en este siglo el fantasma de la oligarquía. ¿No se dan cuenta, camaradas, que al orden oligárquico lo derrotamos en la guerra?

Posdata: Iba a escribir sobre el evento de la presentación del plan de gobierno de Saca. Para esto fui a la feria —sólo para darme cuenta, que no vale la pena: Mientras no hay prioridades no hay plan de gobierno. Nos quieren meter en un debate interminable y superficial de cientos de promesa, programa, acciones... Por lo que se escucha, así será en las tres campañas: mucho detalle, falta de rumbo.

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