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PAOLO LÜERS - 02 julio 2013

Observador Político ¿Está en crisis la tregua?
         
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Por más que el actual ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Perdomo, la quiere hacer invisible, la tregua pandillera sigue viva - y funcionando. Los medios, el fiscal general, algunos políticos hablan de una crisis y del inminente rompimiento de la tregua, pero la realidad y los números son otros: el mes de junio 2013 va a cerrar con un promedio de 6 homicidios diarios. El hecho que este número haya subido unos decimales no es muestra del rompimiento de la tregua, sino resultado de las trabas que el nuevo ministro ha puesto al proceso. Su permanente discurso sobre supuestos privilegios para los pandilleros presos que bajo su gestión "se acabarán" y sobre medidas más estrictas de control en los centros penales han sembrado confusión y dudas, también entre los pandilleros. Y nuevas resistencias a acatar las ordenes de sus dirigentes, que casi todos están presos, y que invariablemente son: mantener la tregua, no sólo con la pandilla rival, sino también con las fuerzas policiales y militares; cumplir el compromiso de no violencia en las escuelas y contra el transporte público; y seguir trabajando en la reducción de las extorsiones en los 10 municipios, donde existen pactos locales entre alcaldes, empresarios locales y pandillas.

Estas dudas y las resistencias de acatar este lineamiento no son nuevas, son inherentes a un proceso complejo de pacificación mediante el diálogo. Sería raro que en una sociedad, en la cual todos los sectores tienen dudas respecto a este proceso, los pandilleros fueran los únicos exentos a dudas y resistencias. El equipo de mediadores permanentemente ha dado tratamiento a estos problemas y conflictos: viejos o nuevos pleitos internos; rebrotes de violencia, etc. En un esfuerzo de carpintería diaria han mediado entre los pandilleros dentro de las cárceles y en los barrios; entre las pandillas rivales; con pandillas y sus disidentes; entre todos ellos y las autoridades de centros penales, del ministerio de Seguridad y a veces de la policía; y crecientemente han hecho puentes entre pandillas y la sociedad civil expresada en municipalidades, directivas comunales, empresarios e iglesias locales... Resultado de este trabajo permanente, y no por arte de magia, se ha logrado mantener la tendencia a la baja de la estadística de la violencia y se ha avanzado en la reducción de las extorsiones en algunos de los municipios donde se lograron pactos locales.

Si ya las incongruencias en el discurso del gobierno, de por si, plantean problemas de credibilidad del proceso frente a los pandilleros y fomentan dudas y nuevos conflictos, este efecto se vuelve aún más grave cuando al mismo tiempo el nuevo ministro (presionado por el fiscal general y la opinión pública) toma dos medidas que complican la resolución de estos problemas: primero, la decisión del nuevo ministro de restringir los mecanismos de mediación, sobre todo en el sistema penitenciario. Medidas que afectan la fluidez y eficiencia de la comunicación entre los mediadores y los privados de libertad, y la credibilidad de los mediadores frente a la población reclusa. El problema de fondo: lo que para los mediadores son herramientas de su trabajo, para el nuevo ministro son privilegios y abusos.

El segundo error grave de Perdomo fue decretar una mordaza total a los líderes de las pandillas, que han sido instrumentales en todo el trabajo de control de violencia y resolución de conflictos durante los 15 meses de la tregua. No permitir que hablen en público le resta eficiencia a la tregua. Así de simple. Desde que asumió Ricardo Perdomo como nuevo ministro, ningún periodista ha podido entrar en un centro penal para entrevistar a los dirigentes de las pandillas y protagonistas de la tregua. O sea, ninguno de los máximos dirigentes ha podido mandar, mediante los medios de comunicación, mensajes a la sociedad y a sus bases en los barrios. Lo irónico: la mordaza a los voceros de las pandillas es, al mismo tiempo, una mordaza para los periodistas y sus medios. El nuevo ministro les niega el derecho de investigar la situación en las cárceles, de entrevistar a los pandilleros y de analizar la real situación de la tregua. Y lo más irónico: Los medios y los periodistas no protestan, no reclaman. Cuando tenían acceso a las cárceles, hicieron muy poco uso de este derecho, pero siguieron denunciando falta de transparencia. Hoy que su acceso a la información está seriamente restringido por el gobierno, nadie habla de transparencia.

Regresando al tema principal: Precisamente en un momento crítico, en el cual surgen dudas serias sobre la vigencia de la tregua, debido al cambio de ministro y del discurso del gobierno, los dos principales mecanismos de 'damage control' (control del daño) se ven obstaculizados: de manera parcial el trabajo de los mediadores y sus equipos; y de manera total la intervención pública del liderazgo histórico de las pandillas, o sea de los principales protagonistas y garantes de la tregua. En la manera que el 'damage control' no funciona, más daño habrá. Esto lo vemos reflejado en las estadísticas de las últimas semanas.

Son errores graves de un ministro que no está dispuesto a aguantar y resistir las presiones políticas por parte de la opinión pública, de miembros de las cúpulas empresariales, de la oposición política, del fiscal general y de los Estados Unidos. En esta situación, Ricardo Perdomo llama a un "Dialogo Social", y para conseguir que los sectores opuestos al gobierno le abren la puerta para por lo menos escuchar sus planteamientos opta por desmarcarse de las políticas de su predecesor - y sobre todo de la tregua. De ahí el discurso incongruente del ministro. Quiere mantener los beneficios de la tregua, pero no los costos y riesgos políticos que implica. De ahí nace la incongruencia de su discurso y de su política.

El discurso incongruente del ministro, la obstaculización de la mediación, las amenazas permanentes de nuevamente suspender a los privados de libertad ciertos derechos (según el ministro privilegios: visitas familiares, acceso a información, mejoras de la comida, proyectos productivos y culturales en las cárceles...), la mordaza a los medios de comunicación, la restricción a los pandilleros de usar los medios de comunicación para explicar a sus bases que la tregua sigue vigente y no depende de caprichos de ministros- todo este conjunto vuelve bien complicado el trabajo de control de violencia y de resolución de conflictos. Lo que el ministro obviamente no entiende, o no quiere aceptar como realidad, que este mecanismo no es unilateral, sino requiere de dos partes: mediadores y sus contrapartes, que son los líderes históricos de las pandillas MS-13 y Barrio 18. Pero esta es la esencia de la tregua: Por una parte la decisión del liderazgo nacional de las pandillas de convertirse en socios activos en la tarea de la reducción de la violencia y la posterior reinserción de las pandillas. Y la otra parte de la medalla: la disposición del gobierno de facilitar que ambos (mediadores y dirigentes pandilleros) puedan trabajar en esta dirección; y de invertir en el mejoramiento de los barrios y en proyectos de reinserción...

Conclusión: No está en crisis la tregua como proceso entre las pandillas, entre pandillas y mediadores y entre pandillas y sociedad civil. No está en crisis la decisión del liderazgo histórico de las pandillas de avanzar en un proceso integral de pacificación. Lo he podido constatar en reuniones recientes con los principales líderes de ambas pandillas. Y sus acciones concretas me lo confirman. Lo que está en crisis es la disposición del gobierno de continuar facilitando este proceso. Y de asumir los costos políticos que esto implica. Así como no hay almuerzo gratis, mucho menos hay paz gratis.

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