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PAOLO LÜERS - 12 abril 2013

Regresando de Washington
         
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Al sólo bajarnos del avión que nos trajo de regreso de Washington, nos enteramos en El Diario de Hoy que nuestras gestiones en la capital norteamericana fueron un rotundo fracaso. Gracias por informarnos, porque si no fuera por este artículo, don Antonio Cabrales (veterano dirigente empresarial y ex-presidente de FUSADES) y yo no nos hubiéramos percatado de nuestro fracaso. Más bien veníamos en el avión haciendo balance positivo de nuestra misión...

Mi colega y corresponsal de El Diario de Hoy en Washington, Tomás Guevara, cita a otro ex-colega (y durante años gran amigo mío), Douglas Farah, para sostener que regresábamos "con las manos vacías".

El problema es que mis estimados colegas asumen que fuimos tan estúpidos para pensar que con unas visitas a oficinas de congresistas y funcionarios del gobierno de Estados Unidos podíamos "generar apoyos concretos económicos a favor del referido proceso de pacificación". Claro que regresamos a San Salvador con las manos vacías, sin maletas llenas de dinero...

No fuimos a Washington para pedir dinero. Fuimos a visitar al State Department, a agencias de seguridad pública de Estados Unidos, a congresistas, a representantes y analistas de organismos internacionales (OEA, Banco Mundial, BID, Fondo Monetario) y de tanques de pensamiento para explicar y someter a discusión seria los orígenes y los éxitos del proceso, que hace un año se inició con la tregua entre las pandillas - así como los peligros que este proceso corre y las grandes oportunidades que abre para encaminar a nuestro país en la ruta al crecimiento y la paz social.

Llevamos una sola solicitud a los Estados Unidos: urge que actualicen su análisis de la situación de seguridad pública en El Salvador, tomando en cuenta la tregua, los pactos municipales, el diálogo con las pandillas – y que hagan los cambios correspondientes a su política, sus programas de prevención, sus planes de combate a la violencia. Tienen que contemplar la necesidad de coordinar con el gobierno y la empresa privada de El Salvador un Plan Nacional de Reinserción para los pandilleros, sus familias y las comunidades donde se han generado la violencia.

En El Salvador nadie podrá exitosamente efectuar una política de seguridad, reinserción y desarrollo en contra de las estrategias norteamericanas. Y si ahora esta estrategias no corresponden al viraje que la realidad nacional salvadoreña ha dado, alguien tiene que ir a Washington para insistir que se revisen las estrategias. A esto fuimos – y diga lo que diga Douglas Farah sin haberse acercado a esta misión, nadie nos cerró la puerta: ni en el Senado, ni en la Casa de Representantes, ni demócratas ni republicanos. Ni siquiera los funcionarios de agencias de seguridad que nos recibieron. Tampoco los analistas de los organismos multilaterales.

¿Por qué fuimos nosotros acompañando al ministro? Don Antonio y este servidor representamos a la Fundación Humanitaria en el Comité Técnico de Coordinación, creado para dar transparencia, sostenibilidad e institucionalidad al proceso de reducción de la violencia y delincuencia que se inició en marzo del 2012 con la tregua entre las pandillas. Luego de muchos meses de discusión y presión de aclarar su rol en este proceso, en enero del 2013 el gobierno salvadoreño decidió a delegar oficialmente al ministro de Justicia y Seguridad a integrar este Comité, compuesto por los dos mediadores, representantes de la Fundación Humanitaria y de la OEA.

El carácter amplio y plural de este Comité, y el hecho que en él cooperamos con el ministro de Seguridad representantes de la sociedad civil, la Iglesia y el sector privado (incluyendo declarados críticos de este gobierno) han sido los factores que nos han abierto muchas puertas en Washington. La duda principal que todos nuestros interlocutores expresaron, es sobre cómo hacer sostenible este proceso inédito de reducción de violencia. Bueno, para esto se creó la Fundación Humanitaria con empresarios, intelectuales, académicos, representantes de organizaciones no gubernamentales. Para esto precisamente se creó luego el Comité Técnico para coordinar todo este proceso. Para esto fuimos a Washington. La tregua, la reducción de la violencia y la reinserción son asuntos demasiado serios y complejos para dejarlos al gobierno. A ningún gobierno, mucho menos a uno que ya va de salida. Requiere que la sociedad civil los tome en sus manos. Antes y después de las elecciones.

El éxito de nuestras discusiones en Washington no se mide en lo que llevamos en nuestras manos o maletas, sino en haber representado y explicado a nuestros socios en Estados Unidos con claridad este concepto: la conversión de algo que empezó con un diálogo con las pandillas y una tregua en un proceso amplio de diálogo de la sociedad sobre la reinserción a la vida productiva y la convivencia civilizada de medio millón de ciudadanos. Es el inicio de una gestión que al final va a aclarar las dudas y generar el apoyo necesario para que los salvadoreños logremos hacer sostenible este proceso de paz que hemos iniciado. Todos nuestros interlocutores gubernamentales en Washington, incluyendo el State Department, se han comprometido a revisar detenidamente su análisis, sus estrategias y sus políticas hacía el problema de seguridad pública en El Salvador. Insistimos y seguiremos insistiendo que los Estados Unidos remuevan las restricciones que ahora están aplicando y que en el caso de Colombia las han flexibilizado para poder acompañar y apoyar y hacer sostenible un proceso de paz. Los congresistas que nos recibieron se comprometieron a trabajar juntos para lograr lo mismo para El Salvador. No sé si esto es un éxito, pero seguramente es un paso positivo que hemos logrado.

"Tregua de pandillas sin apoyo de EEUU" es el título del artículo mencionado que el Diario de Hoy publica en base de las apreciaciones del analista norteamericano Douglas Farah. Sólo que nadie estaba buscando que Washington apoye la tregua. ¿Y para qué? Lo que aspiramos es que apoyen el esfuerzo inmenso que necesitamos hacer todos para aprovechar la ventana de oportunidad que se ha abierto al país, por primera vez, para avanzar con la prevención, la rehabilitación y la reinserción - ahora que podemos parar la guerra en las calles de nuestras colonias.

Posdata. Ya que muchos preguntaron: El viaje de los representantes de la sociedad civil no fue pagado por el gobierno salvadoreño.

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