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PAOLO LÜERS - 14 marzo 2013

Del 'lado humano' de los caudillos y dictadores
         
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Impactan las imágenes de Hugo Chávez siendo llorado por millones de venezolanos. Dan miedo. Confunden. Algunos de sus críticos incluso, bajo el impacto de estas imágenes, dicen: Si lo aman tanto, no puede haber sido tan malo. Alguien que logra construir una vinculación tan estrecha con las masas, no puede haber sido simplemente malo, tiene que haber sido un híbrido entre malo y bueno. Chávez tenía su lado represivo, pero también era benefactor generoso de muchos...

Error. Lo que estamos observando es la conexión típica entre caudillo y la masa de sus fieles creyentes. Es también la conexión típica (y muy emotiva) entre dictador y masas fanatizadas. Si Hitler, Sadam Hussein o Gaddafi no hubieran muerto en momentos que su régimen ya había caído en pedazos, sino en la cima de su poder y su control sobre las masas, vencidos por una larga enfermedad, exactamente las imágenes que hoy estamos viendo desde Venezuela las hubiéramos visto desde Alemania, Irak o Libia. De hecho las vimos hace poco desde Corea del Norte. Que no las vimos desde China y la Unión Soviética, es sólo porque cuando los chinos lloraron a Mao y los rusos a Stalin todavía el mundo no era televisado en vivo. El proceso de mitificación del máximo líder y de la transformación de su ideología en religión estatal que observamos hoy en Venezuela es copia calcada de lo que hicieron con Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Minh, Kim il Sung...

Los pueblos libres, por más que en sus mejores momentos amen a sus líderes y se identifiquen con sus valores, no reaccionan así a su muerte. Nunca. Incluso John F. Kennedy, luego de su asesinato, no fue despedido así. Fue convertido en mito, pero nunca en mito oficial y del Estado...

Y no es que los pueblos libres sean más fríos o sus líderes menos humanos. Es que las sociedades libres y abiertas no permiten, por definición, que sus mandatarios se conviertan en caudillos ('Führer', "Il Duce', 'el que ilumina', 'sabio conductor' o 'el comandante'), mucho menos que desde el poder construyan religiones políticas. Las sociedades libres no desarrollan o dejan que se incrusten el poder movimientos políticos que llevan el nombre de sus líderes (gaullismo, peronismo, chavismo...).

Las sociedades libres no permiten a sus presidentes usar durante 14 años fondos discrecionales de miles de millones de dólares para sistemáticamente corromper a sus seguidores y hacerlos dependientes de su generosa ayuda y adictos de su liderazgo mesiánico. Las sociedades libres no permiten que sean manejados como bondades de un líder los servicios que el Estado da a los ciudadanos y la mano que el gobierno eche a los que no han logrado salir de la pobreza.

Es por esto que la Sala de lo Constitucional, en defensa de la idea de una sociedad libre, pusiera candado a la práctica desarrollada por Saca y felizmente heredada por Funes de manejar, desde Casa Presidencial, cientos de millones de dólares de fondos discrecionales al año. Y es precisamente por esto que los cuatro magistrados de la Sala se ganaron el odio eterno del consorcio Funes, Saca, GANA, FMLN y Cia.

Los que hablan del lado generoso de Chávez se olvidan mencionar que, antes de que Hugo Chávez pudo convertirse en el benefactor de los pobres, tuvo que destruir la institucionalidad del Estado para poder apoderarse de las inmensas ganancias del petróleo, sin ningún control o escrutinio, sin mecanismos democráticos de asignación de fondos y de transparencia de gastos. Incluso si Chávez nunca se hubiera enriquecido, incluso si no estuviera de por medio ninguna corrupción de sus familiares, ministros y generales, siempre sería incompatible con una sociedad libre el mero hecho que los miles de millones de petrodólares se canalizaran por una caja negra a la libre disposición del presidente para dar regalos, subvenciones, becas a potenciales seguidores y así convertirlos en creyentes en su bondad y hacerlos dependientes de él y adictos al hombre fuerte...

Las sociedades libres y abiertas, para no perder esas sus características, tampoco permiten a sus presidentes a crear poderosos sistemas de medios de comunicación estatales y a ponerlas en función de su gobierno, su partido, su persona, y de su propio mito como líder. Las sociedades democráticas nunca permiten a sus presidentes poner todos los recursos del Estado en función de un reality show mediático del presidente (llámese "Aló presidente" o "Conversaciones con el presidente" o mañana "Reflexiones de Tony Saca"). Mucho menos permiten que su presidente use este programa para regañar, despedir y nombrar ministros, humillar a funcionarios del Estado, amenazar a la oposición, insultar a presidentes de otros países, contar de su infancia, cantar feo sin que nadie le pare...

Las sociedad, para quedar libres, no permiten a sus presidentes hacer cadenas nacionales de varias horas de duración sin ninguna otra emergencia que la urgencia del presidente de proyectarse o de atacar a alguien.

Las sociedades a veces reaccionan tarde a cualquiera de estos síntomas de caudillismo y populismo. A veces pensamos que no está tan mal que 'el hombre' esté construyendo miles de kilómetros de autopistas dándole empleo a los pobres desempleados víctimas de la crisis mundial del capitalismo del 1929 - en el caso de Hitler; o que de su bolsa privada financia miles de becas para estudiantes de familias pobres - sólo que en la bolsa privada de Daniel Ortega terminan todas las ganancias de ALBAnica, la empresa gemela de ALBApetróleo; o que esté pagando la renovación de escuelas que el gobierno tiene abandonadas - sólo que en este caso, el salvadoreño, Sánchez Cerén está regalando a manos llenas dinero del pueblo venezolano para promover su campaña electoral...

Y cuando nos damos cuenta que detrás de la supuesta mano amiga del líder hay una estrategia de corromper la voluntad popular, resulta tarde. Como pasó a los venezolanos, los bolivianos, los nicaragüenses. Cuando se dieron cuenta que es verdad que no hay almuerzo gratis, ya habían permitido que el benefactor se quedara con el control absoluto de todas las instituciones que teóricamente tenían que fiscalizar el poder.

¿Será tarde para nosotros que tenemos dos pretendientes de caudillo? Uno que tiene el carisma necesario, pero por suerte no tiene la maquinaria necesaria; y el otro que sí tiene una maquinaria partidaria formidable, pero por suerte no tiene ni una gota de carisma. ¿Y si los dos se juntan? ¿Y si nos agarran con los pantalones no puestos fantaseando del 'lado humano' o del 'lado benefactor' del difunto teniente coronel Hugo Chávez?

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