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MIGUEL LACAYO - 11 marzo 2013

La riqueza no se multiplica dividiéndola
         
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Si usted divide un pastel en ocho partes, no tiene como resultado más pasteles ni un pastel más grande. Obvio. Si el gobierno toma de los ingresos generados por unos ciudadanos para repartirle a otros, la economía no crece, no se generan más empleos como consecuencia. Obvio. El gobierno nunca le puede regalar algo a alguien sin antes haberle quitado a alguien más. Siempre que el gobierno le regala algo a alguien que no trabajó para recibirlo, antes le quitó su dinero a alguien quien sí trabajo para producirlo. Esta repartición de bienes no genera riqueza, ni crecimiento económico, ni empleo, sino todo lo contrario: reduce los incentivos para invertir, generar empleos, y trabajar, ya que algunos reciben sin trabajar mientras a otros, entre más trabajan más les quitan.

No obstante, en muchas circunstancias es necesario apoyar a sectores de la población menos afortunados y subsidiar servicios dirigidos a ellos, pero al hacerlo no estamos enfrentando ni haciendo retroceder los niveles de pobreza, sencillamente estamos siendo solidarios y disminuyendo el impacto humano de la pobreza. Aliviamos temporalmente pero no atacamos el problema en su raíz. No erradicamos ni reducimos la pobreza con subsidios. El país no es menos pobre al repartir a unos la riqueza generada por otros y sin duda la riqueza no se multiplica al dividir los recursos económicos de la población. Debemos ser solidarios por supuesto, pero lo que los pobres más necesitan es la oportunidad de un empleo digno y bien remunerado, mucho más que un intento de comprar sus voluntades con prebendas o regalos. Pero el Gobierno actual ha colocado su énfasis en comprar voluntades, tratar de resolver problemas dando más subsidios y gastando más.

Lo que de forma sostenible reduce la pobreza y multiplica la riqueza es el estado de derecho, la predictibilidad y estabilidad en las reglas de juego, la seguridad personal y jurídica, elevar la capacidad humana mediante la formación educativa y vocacional, mejorar la infraestructura, reducir el costo de hacer negocios en el país, elevar la productividad de sus habitantes. Todo esto atrae inversión y genera más y mejores empleos. Todo esto es lo que no ha hecho este gobierno.

Recientemente EDH me citó diciendo que no me sorprendían los datos de incremento de pobreza en el país señalados por Fusades, ya que para nadie debe ser sorpresa que, como resultado de la falta de confianza que ha sembrado el gobierno del FMLN, el país tenga el más bajo nivel de inversión en la región y un bajísimo nivel de generación de empleo, ambos requisitos para combatir la pobreza. Los empleos generados en casi cuatro años de gobierno de Funes están no solo muy por debajo de los "100 mil empleos en 18 meses" que ofreció durante la campaña, pero también muy por debajo de los empleos que por natural crecimiento poblacional el país demanda.

Para entender todo esto no es necesario haber manejado un negocio o una actividad productiva de regular dimensión o tener formación en el área de economía o negocios. Cualquiera con la mente abierta lo entiende. Aun cuando al Presidente le ayudaría tener alguna de estas experiencias, el que no lo entienda ya no sorprende. Lo que sí sorprende es cómo el Presidente abusa de su poder como mandatario para irresponsablemente darle vuelta y torcer las palabras de quienes encontramos las contundentes fallas y deficiencias de su gestión y lo expresamos públicamente. En este contexto de incremento de pobreza bajo los gobiernos de Saca y Funes, EDH reportó que yo dije que "la riqueza no se multiplica dividiéndola". Punto. No decía más. No daba más explicación. Era una simple frase que resumía una filosofía de desarrollo económico para muchos conocida. Pero el Presidente Funes, torciendo las palabras, con su acostumbrado malabarismo del lenguaje, dijo en su programa sabatino: "Lacayo lo dijo: Hay que concentrar la riqueza, no dividirla ...". Luego sin aclarar que las siguientes palabras eran también de él, dijo una sarta de tonterías insinuando que yo las había dicho. [No amerita repetirlas acá.]

Que el Presidente no entienda a un crítico de su gestión o no le guste que le digan las verdades, no le da derecho para ponerle palabras en su boca, mucho menos para tergiversar las ideas que el crítico ha manifestado claramente. Debería el Presidente actuar a la altura de su envestidura, pero después de cuatro años, eso parece ser mucho pedir, aunque en estas cosas nunca es tarde para comenzar y no perdemos la esperanza. El Presidente en lugar de perder energía cuestionando las tristes y alarmantes cifras de incremento de pobreza en su gestión, debería más bien cuestionar su propia gestión y buscar girar el timón para revertir esa tendencia, para enrumbar al país en el camino de la prosperidad. Al no escucharlo aceptar sus errores, lo que ahora es más claro que nunca, y que parece ser prerrequisito para revertir el empobrecimiento del país, es que cambie el inquilino de Casa Presidencial, de preferencia por uno más capaz y más respetuoso.

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