Un país es atractivo para la inversión, tanto extranjera como nacional, y tiene una dinámica de generación de empleo cuando es competitivo a nivel internacional, lo que radica en alta medida en el nivel de productividad de la gente, de las empresas, y de la gestión del gobierno. Si se puede trabajar con eficiencia y efectividad, se pueden producir bienes y servicios valorados por la población adentro y afuera del país. Las empresas se instalan en esos países adonde es más productiva su mano de obra y adonde su inversión puede ser más rentable. De igual manera, los empresarios locales invierten si creen que podrán operar un negocio rentablemente.
La productividad es resultado de la capacidad técnica de la población, el nivel de educación, la cantidad y calidad de los técnicos, la calidad de la infraestructura, la calidad y costo de los servicios prestados por los privados y por el gobierno, y la tecnología que se usa en el país. Esta es la parte obvia y cualquier ciudadano lo entiende. Pero lo que es menos obvio, y al parecer el Presidente aun no ha captado, es que también se necesita contar con la apropiada tecnología social que acompañe a la tecnología tangible. La tecnología social es el conjunto de normas, creencias, costumbres, instituciones, y particularmente leyes que se aplican en un país. Las leyes apropiadas y la predictibilidad de las mismas hacen de un país uno más productivo y por ende más competitivo que otro en el que las leyes están desfasadas a la realidad.
La retórica del Presidente no concuerda con la realidad. Desde sus curules en la Asamblea Legislativa, los diputados pueden incidir en el funcionamiento y riqueza de nuestra tecnología social, pueden promover leyes que permitan al sector productivo y al mismo estado a ser más productivo, más eficiente, más competitivo y por ende contribuir en la generación de empleo. Por ejemplo, hace unos 10 años los diputados votaron por una Ley de Arrendamiento Financiero permitiendo que muchos pequeños y medianos negocios pudieran financiar sus vehículos de trabajo y maquinaria, siendo por ello más productivos y más rentables, consecuentemente generando más empleo. Hace unos 10 años también se adoptó la Ley del FOVIAL, la cual permitió al gobierno de turno rehabilitar y darle mantenimiento impecable a las carreteras del país, reduciendo los costos operativos de todos los salvadoreños, incrementando la productividad del país, además de generar miles de empleos de pequeñas empresas de mantenimiento vial (muchas que las ha quebrado el actual gobierno). La adopción de una Ley de Turismo también ha permitido que el Ministerio de Turismo cuente con recursos para promover el turismo en el país y ha permitido que muchos pequeños operadores turísticos se desarrollen con éxito.
Los diputados pueden adaptar nuestra legislación para que cumpla con los requerimientos de la OMC para evitar que perdamos los empleos de las zonas francas y recintos fiscales. Los diputados pueden frenar la imposición de más impuestos que minan la creación de empleo, inclusive pueden revertir algunos de los recientemente instituidos impuestos que más daño le hacen al país, como el impuesto que afecta a los inversionistas extranjeros al repatriar sus utilidades. Los diputados pueden exigir que el gobierno no despilfarre los impuestos al negociar un Presupuesto más balanceado y evitar que nos sigamos endeudando para comprar uniformes y zapatos. Un presupuesto balanceado y un manejo fiscal prudente reducen el costo de los intereses para el gobierno y para los usuarios de crédito en el país, reduciendo los costos de producción y operación. Los diputados pueden aprobar una ley que facilite el crecimiento del micro y pequeño crédito permitiendo que crezcan los pequeños negocios, en lugar de impulsar una ley que solo beneficie a los morosos y que dificulte el real acceso al crédito. Muchas realidades que se quedan fuera del discurso superficial del Presidente.
Los diputados mejor preparados si conocen de productividad, si tienen conocimiento y experiencia en el manejo de negocios, si conocen de economía, si escuchan, y con buena voluntad si pueden, mediante la gestión legislativa, impulsar el empleo en el país. Espero que estos ejemplos ilustren lo suficiente como para que el mandatario no se equivoque de forma tan grosa al hablar sobre generación de empleo. En dos años y medio él no ha construido autoridad moral en el tema del empleo. Su promesa de la "fábrica de empleos" de hecho se volvió ya una broma trillada.
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MIGUEL LACAYO
2013-06-14