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JOAQUÍN SAMAYOA - 30 junio 2012

Los nuevos "compañeros de ruta"
         
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No sé en qué terminará este bodrio político del FMLN y sus nuevos compañeros de ruta. Probablemente se saldrán con la suya. Lograrán instalar una Corte ilegítima habiendo pisoteado la Constitución que juraron defender; habiendo modificado a la medida de sus espurios intereses la Ley Orgánica Judicial, para que la Corte pueda instalarse con sólo ocho de sus quince magistrados; habiendo persuadido al Presidente de la República para lanzar oportunamente una velada amenaza de uso de la fuerza pública para hacer prevalecer a una cuestionada institución regional sobre nuestras propias instituciones. Cosas veredes, Sancho amigo.

La cúpula del Partido Comunista Salvadoreño, que se apoderó de la marca y del legado histórico del FMLN, ha desplegado toda su creatividad, que no es poca, para retorcer leyes y hechos en un vano intento de persuadirnos de que la noche es día.

Quieren que los veamos como los defensores del orden constitucional, cuando son ellos quienes lo han violentado. Quieren hacernos creer que es la Sala de lo Constitucional la que provocó la crisis en que ellos mismos han sumido a nuestro país. Quieren convencernos de que es la Sala la que se extralimita y usurpa funciones legislativas, cuando son ellos y sus nuevos compañeros de ruta los que no sólo han interferido sino que se han empeñado neciamente en intimidar, neutralizar y apartar a los magistrados que marcan los límites constitucionales a sus fechorías políticas.

Quieren lograr la aprobación de sus propias bases y simpatizantes haciendo aparecer el conflicto como un conflicto entre izquierda y derecha, entre ellos y ARENA. Con ese fin manipulan las posiciones correctas que ha mantenido ARENA desde que se retractó de su desafortunado respaldo al decreto 743 el año pasado. Posiciones que, dicho sea de paso, son las que uno esperaría de una genuina izquierda política, obligada por tradición y sangre a promover la institucionalidad y el respeto a las leyes para combatir la corrupción y la utilización del poder del Estado con fines particulares.

Si esto fuera un conflicto entre izquierda y derecha, tendrían que explicar en qué se beneficia ARENA o la derecha con las resoluciones emitidas hasta la fecha por la Sala de lo Constitucional, porque lo único que sí está claro es cómo dichas sentencias perjudicaron a los partidos que querían mantener secuestrada la democracia. Lo único que está claro es que esas sentencias perjudicaron al FMLN y a sus nuevos compañeros de ruta en su intento por seguir negándole al pueblo el derecho a elegir a sus representantes en la Asamblea Legislativa. Lo que sí está claro es que la Sala de lo Constitucional que ellos se han propuesto destruir es la única instancia que todavía garantiza los balances y el control en el ejercicio del poder del Estado.

Quieren hacernos creer que la noche es día, pero no lo han logrado ni lo van a lograr. Podrán salirse, por ahora, con la suya. Pero, si lo hacen, será por la fuerza y por una alianza cuyos participantes se han olvidado de que su única fuente de poder es la voluntad popular, a la que se deben por encima de cualquier interés partidario y grupal.

Están sentando un precedente nefasto para la gobernabilidad democrática. Nadie niega que los argumentos en los que la Sala de lo Constitucional sustenta sus sentencias son debatibles desde una perspectiva jurídica o política, al igual que lo son los argumentos de sus detractores. Precisamente por eso es que alguien debe tener la potestad de zanjar esas controversias de manera definitiva e inapelable. Y esa potestad se la da nuestra Constitución a la Sala, no a la Asamblea Legislativa ni a una instancia supranacional. El desacato de los diputados abre las puertas para que, en lo sucesivo, nadie se sienta obligado a acatar ninguna sentencia judicial. Y esto es la receta perfecta para la anarquía.

Esto no es una lucha coyuntural entre izquierda y derecha. Es la batalla estratégica que está librando el FMLN para hacerse del control total del Estado. Al FMLN le interesa controlar la Sala para que no le ponga objeciones constitucionales cuando quiera instaurar las consultas populares manipuladas como sustituto de la democracia representativa. Le interesa controlar la Sala para que ni los ciudadanos, ni las empresas ni las agrupaciones políticas opositoras puedan ampararse frente a los abusos de un poder estatal totalitario.

Nada de eso sería posible, por supuesto, si el FMLN no contara con el apoyo de sus nuevos compañeros de ruta, a los que seguramente les dará una patada cuando ya no sean necesarios.

El término "compañero de ruta" se usa para describir a gente que camina parte del camino junto a una organización sin asumir un compromiso ideológico consciente con la misma. El uso de esa expresión comenzó a generalizarse tras la publicación del libro de Trotsky "Literatura y Revolución". En los Estados Unidos y Europa occidental se usó para referirse a intelectuales progresistas que simpatizaban de buena fe con el partido comunista por ver en esa organización una posibilidad de lograr sociedades más justas y respetuosas de los derechos civiles.

En El Salvador de estos tiempos, el partido comunista cuenta con nuevos compañeros de ruta, reclutados paradójicamente en la derecha política. No son compañeros de ideales sino de intereses de corto plazo. Unos se han unido coyunturalmente al FMLN porque se sintieron agraviados y amenazados por unos magistrados que, además de estar equivocados según ellos, han actuado con arrogancia y sin prestar mucha atención a realidades políticas. Otros, en cambio, han hecho frente común con el Frente como pago de factura por servicios prestados y como pago anticipado por protección, apoyo electoral y otras prebendas.

Lo que ocurra en los próximos días será una salida ante el plazo perentorio para la instalación de la nueva Corte. Pero no será una solución al problema que se ha planteado. Todas las partes involucradas tendrán que revisar sus posiciones, si no por el bien de El Salvador, al menos por su conveniencia política de largo plazo, que no es la misma la del FMLN que la de los demás partidos dentro de un sistema que todavía le da al pueblo una palabra libre y decisiva.

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