La gran lección del 11 de marzo es que la sociedad salvadoreña ha subido un par de peldaños en la escala de madurez democrática y ahora ve las cosas con una perspectiva más amplia. La gente ahora es más consciente de su poder y está exigiendo más respeto de la clase política. Todavía algunos se conforman con discursos y apariencias, pero son cada vez más los que exigen cumplimiento de contrato, los que buscan hasta encontrar a alguien que ofrezca más garantías de prestar un buen servicio.
Sería muy conveniente que alguna institución independiente realice un estudio que permita verificar o rechazar las principales hipótesis que los analistas y los dirigentes partidarios están formulando para explicar el voto ciudadano. Necesitamos hilar fino y saber quiénes y por qué respaldaron o negaron su apoyo a los diversos partidos y a sus candidatos. Mientras no se realice ese estudio, lo que digamos no pasa de ser un ejercicio, más o menos lúcido, de nuestra capacidad para atar cabos sueltos, detectar tendencias y descubrir significados.
Un vistazo comparativo a los números de la recién pasada y la anterior elección nos permite concluir que en algunas localidades emblemáticas, como en el caso de Soyapango, el ganador ganó porque perdió menos que el perdedor. Ahí lo que parece haber ocurrido es que mucha gente se abstuvo de votar. No quisieron seguir apoyando a un partido y a un alcalde que no han hecho bien las cosas, pero tampoco llegaron a entusiasmarse con las alternativas que se les ofrecieron. Eso significa que el nuevo alcalde parte con escaso respaldo y debe hacer muy bien las cosas para prestigiarse. El verdadero exorcista no fue el candidato arenero sino el pueblo de esa ciudad.
En otras elecciones municipales hubo victorias contundentes de los alcaldes que se postularon para reelección. La cantidad de votos que obtuvieron está muy por encima del voto duro de sus respectivos partidos, por lo que ahí no hay donde perderse. El resultado de la elección fue un claro reconocimiento al mérito individual. Esta hipótesis se valida aún más si tenemos en cuenta los casos, como Santa Tecla, en los que hubo "voto cruzado" y al partido ganador en la votación para alcalde no le fue igualmente bien en las papeletas para diputados.
En términos globales, el FMLN tuvo una pérdida neta bastante significativa respecto de las elecciones generales de 2009. La explicación más obvia es que se esfumaron casi todos los votos que le había añadido ese año al FMLN su candidato presidencial. Llegada la hora de la verdad, el bello carruaje de la Cenicienta se convirtió en calabaza y sus corceles en ratones. Habrá que confirmarlo mediante una buena investigación empírica, pero todo parece indicar que el FMLN pagó factura por la ineficacia y los desaciertos del gobierno central.
Pero mal haría la dirigencia roja quedándose en la superficie de esa explicación. El partido también tiene responsabilidades propias que debe examinar, entre ellas la de no haberse tomado la molestia de hacer un buen contrato prenupcial con Funes, y la parte que le toca en las malas relaciones que ha tenido con el presidente.
Hay también otras situaciones de las que el partido es el único responsable. Varios de sus alcaldes han hecho muy mal trabajo. Las bases ya le habían hecho saber a la dirigencia su descontento con la selección de algunos candidatos, pero decidieron ignorar esos mensajes y forzaron demasiado la lealtad a los colores.
En el seno de la Asamblea Legislativa, el FMLN ha dado sus votos para aprobar legislación que castiga a las clases medias y ha adoptado además algunas posiciones muy objetadas por los sectores más activos y pensantes de la sociedad civil, como su resistencia a la reforma electoral y su complicidad en la conspiración contra los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la CSJ. En esas coyunturas también la Comisión Política del FMLN subestimó la extensión y la profundidad del descontento.
También tiene gran responsabilidad la dirigencia del FMLN por haber mal educado por años a sus bases con análisis simplistas de los problemas, lo cual contribuyó a generar expectativas descabelladas sobre las posibilidades de transformar la realidad desde el gobierno. Para alivio de males, algunos de los sectores históricamente más leales al partido han sido tratados con poca sensibilidad y tibio compromiso para satisfacer sus demandas. El caso más evidente es el del gremio magisterial. El FMLN tiene mucho en qué pensar.
Por su parte, ARENA tiene el mérito de haber resistido los constantes embates de quienes se propusieron destruirla, quedando finalmente en buena posición para beneficiarse de los errores de su principal adversario. Tiene también el mérito de haber renovado su oferta electoral con algunos candidatos atractivos que supieron ganarse la confianza de los votantes. Sin duda, la gestión del alcalde Quijano le valió a ARENA para atraer los votos de gente que reside en municipios vecinos pero transita o trabaja en un San Salvador que empieza a lucir como todos quisiéramos que sean todas nuestras ciudades.
Pero, sean como hayan sido las cosas, aquí nadie es dueño de nada. Los principales partidos y los candidatos triunfadores han asumido compromisos que deben honrar. Pueden tener la seguridad de que el Chacal del programa de Don Francisco estará muy atento y será cada vez más inclemente con los que desafinan.
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JOAQUÍN SAMAYOA
2013-04-05